S.B.H.A.C.

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores - nº 2

Escritores Imposibles

Sáinz-Rozas

Blacksmith

Honorio

El Wili

Antonio Palma

Mario Meléndez

Escritores imposibles

CUENTOS DE LA SERIE: ¡BIENVENIDOS IDIOTAS!

3

EL TRIPI.

De Honorio

—Te has pasado, tío. —dijo Boty

—¿Tú crees? —le respondió Doty asustado.

—¡Naturaca! ¿Sabes quién es esa ja?

—No.

—Es la tronca del Petas —afirmó Boty con cara de circunstancias.

—¿Sí?

—¿Y tú crees que se mosqueará el tipo ese?

—¡Vaya!

Me has cortado tipo, ya no sé qué hacer —masculló intranquilo Doty.

—Bueno... Ahí viene el Petas —musitó Boty mientras iniciaba la retirada.

—¡Espera! —gimió Doty—. No te escurras, es tipo es un matón. ¿Somos dues, no?

—¿Cómo somos...?

—Claro, no te vas a pirar ahora cuando te necesito.

—Que no nos pase nada...

El Petas se acercó. Era un tiarrón que impresionaba. Con una cazadora de cuero negro terrorífica. Andaba como si estuviera escocido, remetiendo las puntas de sus botas cubanas hacia dentro. La mirada perdida en un desafiante infinito y mostrando unas manos con los nudillos encallecidos de golpear makiwaras, sacos de arena y otras gentes.

Se plantó delante de Doty. Abrió las piernas y puso los brazos en jarras.

—¿Passa...? —dijo a modo de saludo.

—Hola tío —le responde Doty no muy seguro.

—Heme aquí —dice el matón— porque me han soplado cierta historieta sobre tu menda que me tiene chingado el hígado.

—Este.. —trata de decir Doty.

—Corta el rollo —le interrumpe el Petas— naquera mi menda. —Y siguió:

—Como chamullaba, me han largado que te marcas algunos jaris con mi tronca, y como tengo el mirlo muy fino y se me encaloma el rollo chungo rápidamente en el coco, pues vengo a que te curres el discurso guapo que te has preparado.

—Bueno, tío —responde Doty confuso—. No te enrolles mal. Yo no chanaba que era tu tronca. La tipa no me lo dijo. ¡Yo qué sé tío! Te juro que no la diquelo más.

—Corta que me duermes, ¿te has acostado con ella? 

—Sí... —responde Doty, preparado para lo peor.

—¡Pues para ti para siempre, macho!

—¿Cómo...?

—Que desde ahora es tu tronca.

—¿Lo dices en serio?

—Lo que has guindado —aseguró el Petas muy serio, y continuó en plan confidencial:

—Estaba hasta las pelotas de ella.

—¡Te cagas! —se rió Boty.

—¿Echamos unos quiquis para celebrarlo? —preguntó el Petas con desparpajo.

—Estamos secos —aclaró Boty.

—Yo tengo casi un talego —les informó el Petas.

—Se dirigieron al Bulevar, iban sin prisas, saludando a unos y a otros, hablando del eso del eso, o se a de costo, de vida, de chocolate, de tripis, y hasta de coquita. Al lado de la parada de la garrula vieron al Botines con la misma cara de hiena que siempre.

—¿Le entro yo? —dijo Doty voluntarioso.

¡No, qué pasa? Vamos los tres —dijo el Petas, que no le tenía miedo a nadie.

El Botines era un tipo bajito y seco, con una cara amargada, tensa y sesgada por una palidez de heroinómano y las uñas de la arpía que tenía por novia.

—¿Tienes chocolate? —le preguntó el Petas.

—¿Qué te crees que hago aquí? —le respondió el Botines con chulería.

—Queremos un talego —atajó el Boty.

—De aquí —y el Botines sacó una barrita.

—Sólo tenemos novecientas pelas —aclaró el Petas contando las libras.

—¿Qué passa?, ¿de qué vais vosotros? —se mosqueó el Botines.

—Eso es lo que hay sentenció Doty.

—¡Pasando, tíos, pasando! —graznó el Botines guardándose el costo, y terminó: ¡Aligerar!

—Eres un poco chungo, tú —le espetó el Petas que hacía rato que estaba nerviosillo.

—¿De qué? —y el Botines le plantó las narices al Petas sin amilanarse.

—¡Qué chungalí! —mentó Boty refiriéndose a la situación.

No muy lejos se oyeron gritos y algunas carreras precipitadas. Los camellos salían en estampida. 

—¡Coloqueta! —decían.

—¡Viene la madera!

—El botines se percató en seguida de que venían a por él. Dos estupas se acercaban al trote. Se metió las manos en los bolsillos y descargó la mercancía debajo de un coche. El Petas y sus dos amigos, temerosos de la madera, se habían metido en un bareto. Al Botines no le dio tiempo a huir. Lo trincaron y lo mandaron para la lechera.

—Estamos fuera de cacho —confirmó Doty cuando la madera se piró.

—¿Dónde lo habrá chindado? —preguntó el Petas refiriéndose al chocolate que el botines había tirado.

Lo encontraron al rato. Varias barritas de chocolate, y ¡oh fortunata!, tres hermosos tripis, tres, bien envueltos en papel de celo. Se apalancaron en una esquina cercana y se los comieron. Entonces, cuando les subió, se sintieron otros y en otro lugar. Un paisaje lleno de antropoides, de bosques carnosos en movimiento y de grutas procelosas de hormigón. Y también pasaban mujeres, tentadoras, redondas como ánforas...

El Petas sonreía idiotamente dejando entrever sus feas caries.

—Me hubiera gustado sacarle las tripas al Botines —dijo—, sólo por entretenerme —y decía esto como si la acción de esparcir las tripas del susodicho camello careciera de mayor importancia.

—Lo hubiera puesto todo perdido —terció Boty con los ojos grandes como platos.

—Siempre podríamos haber hecho unos callos a la madrileña —se consoló Doty con una lógica que le parecía aplastante.

—¡Bah!, es igual —terminó el Petas—, no hubieran salido buenos, ese tipo tenía muy mala entraña.

Caminando por la avenida de la Albufera, comenzaron a darse papirotazos unos a otros. Doty aprovechó para atizarle algunos porrazos considerables al Petas, ahora que todo le importaba tres cojones. En un portal se liaron un mai. Allí estaban fumándoselo, cuando entró una mujer bien rellena, potente como un camionero. Se detuvo un momento y después de mirarlos les sonrió levemente, como hacen las gentes cuando se encuentran con algo que desaprueban pero sin valor para montar el pollo. Luego sacó las llaves del piso y abrió la puerta del bajo.

—¡Qué buena está! —rugieron cuando hubo cerrado.

—¡Es chachi, colegas! —gritó Doty relamiéndose la fantasía que chorreaba por los morros.

—Podríamos entrar y violarla —masculló el Petas a pesar de que no estaba por la labor.

—¡Sí!, una sesión de vagina jazz —canturreó Boty.

¡Daguti! —dramatizó Doty—. La larga nube fálica destrozará el candor y la ingenuidad de las prostitutas monogámicas de los burgueses acomodados.

—¡Hostias! —se sorprendió el Petas por la facundia del Doty.

—Sí, estaría bien —aprobó Boty—. Apartaría la puerta de un patadón con mis botas Pzkw-IV, ella aullaría y quedaría paralizada. ¡Bájate las bragas! —le diría—, dios ha oído tus oraciones, sucia ramera del "sí quiero", el arcángel San Gabriel —y se señaló con el pulgar— hará maravillas en tu clítoris.

—¿Y qué dice ella? —se interesó el Petas por la historieta.

—Podría decir... —se adelantó Doty con voz aguda—. ¡Camaradas!, ¡camaradas obreros! ¡Alto! ¡Deteneos! Soy la mujer del secretario general del partido de las masas proletarias...

—Habría entonces que convocar una asamblea —aseveró el Petas con convicción.

—¡Está claro! —dijo Boty—. ¿Táctica?

—Vosotros la agarráis y yo se la... —exclamó el Petas.

—¿Estrategia?

—Yo la agarro y vosotros se la...

—¿Condiciones objetivas?

—Su marido no volverá hasta dentro de tres o cuatro días.

—¡Humm! —masculla Boty—, A esta fulana le va la marcha. Nos lo está poniendo muy fácil.

—Creo que debemos largarnos —se inquietó Doty—, esa infelizorra es un peligro público.

—Sí —explicó el Petas—. Imagina que te abraza, que te engulle el pito y empieza a moverse. Esa tía nos puede lujuricidiar.

—¡Es una ninfomaníaca!

Y en estos inofensivos diálogos, la mujer abrió la puerta, asomó la cabeza por la puerta y con muy corteses palabras, les pidió que bajaran la voz. Nuestros tres héroes salieron del portal como alma que lleva al diablo.

—¡Fiuu! —silbó el Petas—, de la que nos hemos librado. Menudas orejas tenía, te da con una y te deja K.O.

—Chano una gusa tremenda —se quejó Doty—, podríamos ir al Hexágono y ponernos ciegos.

—¿Con qué pelas?

—¿Qué pasa? Le damos un tirón a una purili y ya está —dijo el Petas que a esto si se atrevía.

—Paso de jaris —adujo Boty.

—No nos cortes, tronco —le replicaron.

—Enróllate bien —insistieron.

—Enrollaros vosotros —les contestó.

—Eres un chungo, chaval —volvieron a la carga Doty y el Petas.

—Cortar el rollo y no me deis la barrila —se defendió Boty.

—¡Eres un flai, colega! —le insultaron—, un flai, ¿vale?

—¿Un flai, yo?, ¿un flai, yo? ¿Pero qué passa? Yo me enrollo de buten. Y os lo voy a demostrar. Me voy a ir para mi quel y me voy a mercar tres bocatas. para que veáis.

—¡Buten! Si es así...

—Al rato regresó Boty con tres hermosos bocadillos de chorizo y una cerveza de litro. Se chindaron en un descampado y se los zamparon entre trago y trago de San Miguel.

—Aquí no hay más que mierda, pura fulai —se quejó el Petas de las cagadas que había en el solar.

—¡Una fulañí! —corroboró Doty solidariamente.

—¿Mierda? ¿Qué semáis vosotros de la ful?, ¿eh? —les contestó Boty con la carrillera a tope de bocata.

—Sólo sé que cago —dijo el Petas a modo de axioma.

—¿A ver? —preguntó Boty—, ¿dónde se guarda la mierda que ha cagado la humanidad durante un millón de años?, ¿eh, dónde?

—¡Vete tú a saber? —respondió Doty escupiendo un trozo de piel del chorizo.

—Piensa, piensa —insistía Boty.

—La tiene acumulada el Pentágono en un lugar secreto, como arma total —suelta el Petas con una carcajada salpicada de migas semideglutidas.

—No...

—Ya sé —dijo Doty—. La han usado los americanos como arma química en el Vietnam.

—¡Hombre!, es un idea —concede Boty—. ¡Toma mierda, charly!, diría el piloto yanqui del B-52 mientras suelta veinte mil toneladas de ful sobre territorio comunista.

—¡Sí! —se entusiasma el Petas—. Y todos los Nang, Tong y demas charlys darían vivas de agradecimiento el tío Ho por haber conseguido que toda la fulañí del mundo occidental cayera sobre sus tierras. ¡Menudo cosechón!

—Me disgusta la idea ahora que lo pienso —terció Doty—. A los viets los matan con napalm.

—Quizá el gobierno —dijo el Petas, que no paraba de buscar soluciones—, la reparta la próxima Navidad y comeremos ful en vez de turrón. Total, con la contaminación, es posible que no notemos la diferencia...

—¡Qué burros que sois! —gritó Boty, harto de escuchar tonterías—. La mierda ni se crea ni se destruye, ¡se transforma!

—O sea —empieza a aclararse Doty—, lo que cagamos se transforma en fulai que luego comemos y volvemos a cagar.

—¡Atiza! —se asombra el Petas—, siempre cagamos lo mismo.

Pero Boty, que guarda un as en la manga, saca de su ajada cartera un par de folios manuscritos de Dios sabe cuándo y dice triunfante:

¡Escuchadme lo que os voy a leer! —y siguió—. Un hombre de setenta kilos caga al mes entre treinta y cuarenta kilos de ful, lo que viene a ser al año unas cuatrocientas toneladas. de mierda. Como la media de vida se encuentra alrededor de los sesenta y cinco años, un hombre normal caga al cabo de su vida unas dos mil setecientas toneladas de mierda, que supone más de treinta y dos  veces su propio peso. Es decir, nos transformamos en mierda alrededor de treinta veces a lo largo de nuestra vida.

—¡Fabulosa reencarnación!

—Cada vez que cagamos hacemos un esfuerzo nada despreciable, que medido en julios se acerca a unos dos mil o bien cuatrocientas ochenta calorías, lo que al año y por persona acumula un gasto energético de ciento cuarenta y cuatro mil calorías, o sea, en una sola semana la humanidad gasta en giñar más de ochocientos sesenta y cuatro billones de calorías. La humanidad lleva un millón de años cagando sobre la Tierra, que ha sido cagada por casi setenta mil millones de personas. ¿Cuál ha sido el gigantesco gasto energético utilizado por el hombre en giñar? ¡Nada menos que cien mil millones de calorías! Y teniendo en cuenta que nuestros antepasados fueron alrededor de sesenta y siete mil millones de personas, llevamos giñados uno ciento noventa mil millones de toneladas de mierda.

—Así piso yo tantas —se sinceró el Petas que por fin había visto la luz.

—Está claro, tíos —terminó Boty—. Este sistema es una ful, está basado en mierda, mierda a la que todos contribuimos con nuestro granito. Imaginaos que no cagamos en una semana. Nos ahorramos tres mil calorías que no hay que toma de las fuentes capitalistas. Imaginad que toda la humanidad se abstiene de giñar en una semana. ¿Os dais cuenta qué palo a los trust energéticos? En un mes todas las multinacionales, las siete hermanas, quebrarían. La economía mundial a la mierda, y nunca mejor dicho. ¡La Revolución! Nada de huelgas y manifestaciones. Hay que abstenerse de cagar desde hoy y a la mierda el capital. ¡Estreñidos unidos jamás serán vencidos!

Y allí mismo formaron el comité central del Movimiento Internacional Estreñidos Revolucionarios Del Ano (M.I.E.R.D.A)

—Menos mal que podemos seguir meando —suspiró Doty—, porque con la birra tengo unas ganas...

—No ha estado mal este tripi —se dijo Boty camino de su queli—, hemos fundado el verdadero partido revolucionario de las masas y nos hemos tirado a la jamona, ¿o no?

En Vallecas, 1.976 y no sé qué día.